Volvemos a la rutina.


Durante muchos días la mayoría de nosotros hemos alterado nuestros hábitos: hemos dejado de lado la dieta, el deporte, los horarios… Una alteración de la rutina en ocasiones provocada por haber cogido unos días de vacaciones o, simplemente, porque las celebraciones y reuniones familiares lo han requerido así.

Romper la rutina de esta forma muchas veces es acusado por nuestro organismo. La regularidad perdida es resentida por nuestro cuerpo que nos manda señales para llamar nuestra atención. Síntomas como los ardores, la pesadez, la hinchazón del estómago o la modificación que nuestro mismo cuerpo sufre con algún que otro kilo de más no pasan desapercibidas.

En estas fechas ingerimos cantidades mucho más grandes de comida de las que realmente necesitamos. También debemos tener en cuenta que nuestra actividad física baja considerablemente, no solo por dejar de hacer deporte en el caso de que tengáis la costumbre de hacerlo, sino porque pasamos muchas horas sentados.

Los horarios se transtornan, nos levantamos y nos acostamos más tarde con el ritmo alterado. Si echamos la vista atrás, y empezando por las comidas de empresa que suelen preceder a los días señalados, hace casi un mes que estamos celebrando la Navidad.  El día de Nochebuena tomamos una cena copiosa para, con el estómago lleno algunos irnos a dormir y, otros salir para seguir celebrando.

Pocas horas después, el mismo día de Navidad, volvemos a sentarnos ante una mesa llena de manjares para empezar a picotear y no acabar hasta, mínimo, media tarde. Después del aperitivo, los platos principales y los postres, seguimos con varias propuestas como son los turrones, los polvorones, el mazapán o las neulas entre otras cosas. Se quedan encima de la mesa y es inevitable ir dando pequeños pellizcos mientras que se conversa y se explican anécdotas durante horas y horas. A veces, incluso se suman a los dulces los frutos secos para más Inri.

Al día siguiente, en el caso de Catalunya, aún seguimos juntándonos y no precisamente para hacer un menú ligero, sino para comer, como poco, canelones. Y por supuesto, toda la retaila de dulces que nos han sobrado del día anterior y que, por supuesto, no vamos a tirar.

Ha sido solo el primer asalto. Cuando acabamos suspiramos de alivio pero a los pocos días todo se nos ha olvidado y volvemos a cenar como si no hubiera un mañana para despedir el año. Vuelta a empezar, a acostarnos tarde, con el estómago lleno de alimentos ricos en grasas y con el azúcar saturándonos. Y claro, no podemos dejar de recibir un año nuevo como se merece, así que al día siguiente, algo resacosos aún sin haber tomado alcohol… a comer!.

Ahora ya si, parece que con el año nuevo se empiezan a retomar esa rutina que habíamos dejado olvidada, incluso algunos se inician en esta fechas en muchas actividades que posiblemente en algunos meses ya estén interiorizadas.

¿Os pensabais que habíamos acabado?. Pues no, porque, 6 días después los niños son los protagonistas o la excusa, según como se mire. Los protagonistas sin duda, porque el día de Reyes es suyo. Pero para los adultos vuelve a ser esa excusa para juntarse alrededor de una mesa y, con un poco de suerte, disfrutar de ser coronado por un día. Claro que para eso, primero hay que comerse un trozo del Roscón de Reyes y tener la suerte de que te toque la figurita.