Melón y sandía: las frutas del verano


Vamos de cara al verano y llegan las frutas más frescas y apetitosas que nos permitan bajar la temperatura corporal y, a la vez, hidratarnos. Ahora, los melones, las sandías, las nectarinas o los albaricoques están en su mejor momento. Es cierto que cada vez más cuesta distinguir la temporalidad de cada producto, ya que disponemos de ellos todo el año, pero siempre es preferible comerlos cuando es su temporada.

La naturaleza es sabia y, por ello, durante estos meses que se avecinan, las frutas suelen ser ricas en agua, ayudándonos a mantener el cuerpo hidratado de una forma natural, a la vez que nos alimentamos y reponemos las sales minerales que eliminamos con la transpiración.

Seguramente, las primeras en las que pensamos son el melón y la sandía. Estas dos frutas, hasta ahora contempladas sólo como postre, cada vez toman más protagonismo en recetas saladas.

El melón, por ejemplo, tiene más potasio que el plátano y el 90 % de su composición es agua. Su valor calórico es bajo, unas 33 Kcal por 100 gramos, por lo que resulta un gran aliado de la “operación bikini”. Es una fruta originaria de Asia y existen diferentes variedades: melón amarillo, melón cantalupo, melones verdes o melón galia son de las más conocidas.

Respecto a la sandía, podemos decir que aún tiene más agua que el melón, ya que llega a un 95%. Al ser su proporción mayor, su aportación calórica también disminuye, rondando las 16 Kcal por cada 100 gramos y, curiosamente, aunque su sabor es dulce, su contenido en azúcar no es alto. Podemos encontrar sandías cuyo peso alcance los 15 kilos y suelen verse aquellas que no llevan petitas por resultar más fáciles de comer. Las más conocidas son la Sugar Baby, la perla negra, la Rubin o la Yelow Doll.

Algunas de las recetas donde más podemos verl estas frutas son en sopas frías, en gazpachos, como entrantes o incluso pasadas por la plancha, que les da un toque muy especial.